DXMARIUS

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Uploaded 24 Μαΐου 2016

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κοντά στην περιοχή Ibagué, Tolima (Republic of Colombia)

Esta pequeña historia comienza en los Llanos Orientales, en plena canícula de un medio día, que me mostraba un verde inmenso, donde me encontraba distanciándome de ella con cada pedaleada . Nada es completo, pues justo en mitad de mi viaje, veía como una oportunidad de conocer a dos personas maravillosas, se esfumaba por haber decidido pedalear hasta Yopal desde Santander, en casi 400 km de libertad. Dos personas que alimentan el fuego del ejemplo, la inspiración y el valor y así era imperdible el hecho de disfrutar de la luz de su presencia.


Ya llegando al hermoso Aguazul, sabía que estaban por llegar desde muy lejos, desde el mundo entero precisamente, porque han estado dando una vuelta por él y yo tan lejos, pierdo aquella oportunidad valiosa de darles mi hospitalidad, pero a la distancia, pido a mis hermanos que abran las puertas y las acojan lo mejor que se pueda, yo sé que así sería y así fue. Cristina Spinola, una bella, divertida y luchadora mujer por la igualdad, periodista española y activista por los derechos igualitarios, que tanto le hacen falta a este desequilibrado planeta, ya ha pedaleado por cuatro continentes, llevando este mensaje que nos abandera a los bien llamados locos aventureros, o viajeros, que pregona con orgullo a los cuatro puntos de la rosa de los vientos, que nada es imposible y que se puede cambiar el mundo, para bien.


Desde sus Islas Canarias, cruzando el este de África, el sur y oriente de Asia, Oceanía, más exactamente por Nueva Zelanda y todo el norte y centro de América, al igual que Marika Latsone, de Letonia, con una sonrisa y mirada sin igual y una nobleza única, quien pedalea con Cris, desde las tierras de las barras y estrellas.


Era necesario este viaje, pensaba yo. Me encontraba feliz, descansando mientras ante mi, los paisajes más hermosos se dibujaban en un lejano horizonte y ellas han de estar en mi casa y cruzaba los dedos para que fuese a gusto. Al regresar a las páginas de mi cotidianidad, ya ellas han tomado rumbo al sur y me es imposible verlas, preguntarles como han pasado aquí, que les ha parecido este lugar, entre un baúl entero de preguntas y sonrisas que quedaron pendientes. Solo podía tener la dicha de escucharlas o leerlas en la distancia.

Pasan treinta días en el calendario, mientras leo sus crónicas y reparo si están bien. de repente, siento esa chispa que algunas veces se enciende, cuando deseo hacer algo que raya en lo poco común y después de varias misivas, cálculos de tiempo y presupuesto, me hallaba un puente festivo en un bus hacia Ibagué, Tolima, con mi Libélula en el maletero y mi dicha en las manos, pues allí, iba a tener el gusto de verlas, de mirarlas a los ojos y poder tener aquel instante en la historia, de conocer a dos mujeres que se atreven, que viven la vida dando un mensaje de esperanza, de amor, de igualdad y de alegría. Así que era salir de la oficina y emprendo la huida lo más pronto que se pueda, como un río buscando el mar.


Todo es completo si se quiere y luego de varias horas de viaje, logro llegar a la capital musical de mi país. Aun no amanece y he dormido poco en ese bus de aire artificial y selladas ventanas. Dios comienza a pintar trazos de luz en el cielo de ese sábado naciente y me voy a encontrarlas, pues no iba a permitir que se fueran al sur sin leer esos párrafos de su presencia. Bajo una hermosa lluvia que tal vez a muchos, cortaría el impulso por pedalear, no hay descanso, simplemente el reloj con sus brazos nos indica que mientras tomamos un breve café, hay que marcharnos y seguir dando la vuelta al mundo en bicicleta. Todo es alegría cuando por fin las admiro y disfruto a esas personas que no se detienen con nada, siendo un bálsamo para el alma, un empuje inigualable de energía que me enseña a disfrutar de alguien que en vez de quejarse por la lluvia, la besa y abraza con fervor.


Poco a poco devorábamos las montañas del Tolima, bellos encuadres de un paisaje de bordados tonos verdes y marrones a lo lejos, tras el hondo cañón del Río Coelho. Inigualable es admirar la inmensa altura, como volando mientras se pedalea, viendo un horizonte con las orgullosas e inquebrantables palmas de cera, tan altas como su belleza misma. Estaría comenzando a ser dichoso, pues las pude ver muy cerca y no la primera vez, en los horrendos billetes de cien mil devaluados pesos, aunque la verdad, gracias a la vida, no he visto el primer billete de esos, yo lo tendría y lo gastaría apenas asome el bolsillo.


No importaba la pendiente ni la lluvia que poco a poco se moría, tras cada sorbo de alegría y chocolate, siempre felices contando historias nuestras y ajenas, coincidiendo en la perfección de la mente y su poder de materialización de lo bueno o lo malo. Los puntos que el universo une y que nos hace ver que todo es una obra maestra, que somos lo que pensamos y que a donde queramos podremos llegar.
Llegamos a Cajamarca al medio día, pero el cansancio y el malestar de la linda letona de ojos verdes, nos dicta que debemos allí pasar la noche. Buscamos un espacio plano, pero el cañón y la geografía en la que existíamos eran caprichosos y tras buscar después de tres kilómetros al oeste del pueblo, por fin un espacio verde y plano se manifiesta; sería el lugar donde nos dejábamos alcanzar por la noche. Con un vino dulce y vespertino, mientras las estrellas piden permiso entre las nubes para estampar su tímido brillo, hablamos al compás de la tonada del pequeño y mal tratado río Coelho, que en tiempos remotos, labró ese cañón casi infinito.


Benditas conversaciones en las que nace aquel impulso, aquella certeza que los sueños son más que espejismos y que el viajar también puede ser el vivir, aquella tertulia que se inscribe en el alma con el propósito de abofetear los miedos y seguir sin ser absorbido por una existencia monótona y normal, son las que bajo esa amistad se gestaban en ese pequeño prado, junto a las carpas, donde nuestra amiga de tierras bálticas, reposaba su cansado cuerpo.

Con un hasta mañana al entrar a nuestras carpas, buscábamos dar tregua al cuerpo y poder descansar, porque al día siguiente se acababa aquel fragmento de la vuelta al mundo para mí y una despedida, puede cansar más que una subida. Para ellas, a pesar del duro ascenso al Alto de la Línea, plagado de un tráfico esquizofrénico, enmarcado en un paisaje sin igual, casi europeo, restaban 60 kilómetros fuera de categoría, épico para ciclistas, peligroso para los demás. Mi despedida se posterga y decido seguir con ellas, tan fuertes y decididas, a pesar de cansancio y enfermedad, de la altitud que les cortaba el aire y por segundos las detenía, les pintaba la cara de un blanco aterrador, que se borraba con una voluntad y una sonrisa inquebrantables, mientras les trataba de distraer con cualquier tontería. La cotidianidad, puede esperarme unas horas más, que se siente a bordar.


Nos veían desde la comodidad de sus carros, con cara de “pobre gente” que duro ha de ser subir, tener sed o frío, pero los pobres, para nosotros, eran ellos, quienes ignoran el paisaje, el sonido de la naturaleza y la satisfacción de arribar a una cima como la Línea, que pasa de los 3000 metros sobre el nivel del mar, por sus propios medios. Era tanto el frío arriba, que al pasar una mula, sentíamos y disfrutábamos la estela de calor que dejaba el monstruoso vehículo, así durara pocos segundos. Allí arriba celebramos, saltamos y en esa mítica cima recordé que hice reír a mi papá mientras veíamos triunfar a Lucho Herrera, porque le dije que deseaba ser ciclista y al responderle que no tanto por el deporte sino para que cuando gane, dos lindas europeas me besen al mismo tiempo, soltó la carcajada y lo bonito de esta cima fría y blanca, fue que esa escena allí se hizo realidad. Yo no me perdía de nada, saboreé una cascada, percibí el aire fragante de los pinos, mientras su belleza me pintaba recuerdos distantes de una escena transilvana que me hacía suspirar; me alegraba con la sonrisa de las europeas que no se detenían y de la gente que nos veía pasar. Nos esperaba un dulce y venenoso descenso a Calarcá, esquivando camiones, huecos y el abismo con su magnetismo del vacío que a veces reclama autobuses, tractocamiones o suicidas.


Nunca olvidaré como la cultura de agradecimiento de la que había leído por parte de los pueblos del Báltico, se me manifiesta en la cima de la Línea, algo que también he visto en los chinos. Mariuta, con su piel porcelanada y su ineludible bondad, besa el marco de mi bici y la acaricia, mientras en español, pronuncia un sincero "Gracias hermosa, por traerme hasta aquí", fueron las pocas palabras que le escuché en mi idioma, pero las más importantes, pues luego me miraba y repetía lo mismo y por su puesto, agradecido yo con ella, por dejarme convencerla para cambiar las bicicletas y llevar su equipaje, para así hacer que ella ascendiese liviana, ya que su mala salud le pesaba casi como sus alforjas; llevaba mi libélula sin equipaje alguno, aunque no había sido fácil convencerla, ya que otra cosa que leí de los pueblos del norte de Europa, es esa maravillosa voluntad que a veces pisa sin permiso los prados de la terquedad, pero sus ojos decían que ella si podía, y si pudo, pues no todo el mundo ha de subir ese puerto y con una dolencia a cuestas.


Ya en Quindío, en la ciudad de Calarcá, nos vuelve a abrazar la lluvia y mientras la campeona departamental de ciclismo del Quindío, una bellísima joven, las esperaba, para que en casa de ella, terminaran su jornada, yo con un abrazo a ellas, sellaba estos dos inmensos días, con la esperanza de volverlas a ver, algún día. Me esperaba un tiquete en primera clase a la zona de confort, a la cotidianidad de mi casa y mi trabajo de escritorio.


No fue como lo imaginaba, fue mucho mejor y en mi mente se tejía aquella idea, en la que me sentía afortunado por pisotear la rutina de esta manera, conociendo gente como ellas, ejemplares, dignas y bondadosas, mientras sentía una inmensa paz por poder hacer parte del fragmento de una vuelta al mundo en bicicleta, ser un pequeño párrafo en ese libro maravilloso que escriben seres como ellas, libro que algún día, con amor y esperanza, escribiré yo también, pues lo deseo con todas mis fuerzas.


Pasan aún más días en el calendario, llegan al Perú y me han dicho sin dudarlo "Mario, La Línea was nothing". Cruzando los andes a puro pedal, buscando el sur con el poder de la voluntad férrea, no habrá montaña, cordillera ni altitud que las detenga (...) definitivamente, "PODER FEMENINO". Nadie como las mujeres, nadie como ellas.

La historia contada por Cristina, con más fotos aquí:

http://www.solaenbici.com/#!blogger/c1vwf/post/3926537415762801360
Waypoint

Adiós Ibagué

El ascenso desde la madrugada y un aguacero increíble
πανόραμα

Paisaje Impresionante Tolimense

πανόραμα

Cañón del Río Coello

Γέφυρα

Pasando por viaductos

Provisioning

Cafecito Colombiano

Sacred architecture

Cajamarca Tolima

κάμπινγκ

Campamento junto al Río Bermellón

πανόραμα

Ascendiendo duro

Καταρράκτης

Agua Bendita

κορυφή

Alto de la Línea

φωτογραφία

Bajando por el Quindío

δέντρο

Divisando el Árbol Nacional

Waypoint

Calarcá Quindío

4 αξιολογήσεις

  • Φωτογραφίες albert.cs

    albert.cs 22 Σεπ 2016

    Increible historia! Sigo el blog de Cristina, muy interesante!
    Me apunto el "Alto de la Línea" para cuando viaje a Colombia!
    Felicidades por el reto!

  • Φωτογραφίες DXMARIUS

    DXMARIUS 24 Σεπ 2016

    Gracias albert.cs, lo que importa no es el lugar sino la visión de ese lugar, aunque este paisaje y la compañía fueron increíbles.

  • Φωτογραφίες Oscar Upegui

    Oscar Upegui 14 Δεκ 2017

    Excelente ruta compañero que merece buenas valoraciones, gracias por compartir este buen trazado.

  • Φωτογραφίες diegono

    diegono 22 Ιουλ 2018

    Hermano. Muy inspirador tu relató. Esta.cronica no se basa en guiar a los compañeros a seguir una ruta con unas indicaciones de a donde debes girar o que debes tener en cuenta. Si no que en mi caso me puso a pensar de que no debo planear con mucho tiempo y de que si le metemos voluntad a este cuento podemos alcanzar cualquier cima pese a las dificultades que se presenten en cada pequeña etapa de recorrer el mundo por pedacitos. Así esos pedacitos no estén muy lejos de mi casa.
    Saludos y ojalá algún día nos encontremos en una de esas pequeñas etapas

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